“Siempre me he jactado del hecho de que no pasa ni un solo segundo del día sin que el nombre de William Fox esté en la pantalla, en algún cine de algún lugar del mundo”. William Fox
William Fox fue uno de los magnates de la incipiente industria del cine a comienzos del siglo XX. Nació el 1 de enero de 1879 en Tolcsva, por aquella época perteneciente al Imperio Austro-Húngaro y hoy en Hungría. Comparte origen y trayectoria con otros grandes, como Loew o Louis B. Mayer: familia pobre judía que emigra a Nueva York.
Como era habitual en aquella época, su paso por la escuela fue efímero, y ya a los 8 años comienza a trabajar, hasta que se establece por su cuenta y compra una sala de espectáculos en 1904. Al principio simultaneaba los espectáculos en vivo con las proyecciones de películas, hasta que abandonó el teatro en directo. Al igual que Marcus Loew, comenzó a producir películas con el fin de garantizarse el suministro a su incipiente cadena de cines. En 1929 tenía 800 por todo Estados Unidos. Antes, en 1914, había creado la Fox Film Corporation.
Fox, a instancias de su esposa, contrató a la primera estrella de cine "fabricada" por un estudio: Theda Bara (Theodosia era su auténtico nombre). Su éxito fue inmediato. Se inventó para ella un pasado misterioso y oriental: hija de una concubina egipcia y su amante, un artista francés, nacida en pleno Sahara. La película "Cleopatra", de 1917, supuso un auténtico escándalo tanto por los atrevidos trajes que lució, las escenas de desnudo y el desorbitado presupuesto (500.000 dólares de la época). Como curiosidad, uno de los autores del guión es H. Rider Haggard, el creador de Tarzán.
En 1919 comenzaron los problemas. La productora de Edison le demandó por el uso fraudulento de varias patentes. Esta empresa poseía una gran cantidad de ellas. Hasta ese momento, las películas se producían y rodaban en Nueva York (donde estaba el dinero), pero Fox decidió marcharse a California por varios motivos: estaba lejos de Edison y sus abogados, hacía buen tiempo todo el año para rodar y los terrenos eran baratos.
A finales de 1925 tuvo conocimiento de un gran descubrimiento: el sonido grabado en el propio negativo de la película. En 1926 compró por un millón de dólares la patente, gastó seis millones más para desarrollar el sistema y acoplarlo a las películas y creó unos estudios en Nueva York dedicados exclusivamente a la sonorización. ¿Cuál fue el resultado? La Warner Bros. Pictures se le adelantó y estrenó "El cantante de jazz" en 1927. Pero no todo estaba perdido. Con su conocimiento del cine sonoro creó Fox Movietone News, un sistema de noticieros hablados que se proyectaban como cortometrajes antes de las películas. Generalmente eran de corte sensacionalista, así que el éxito fue total. Convirtió un serio revés en una victoria.
Por si todo esto fuese poco, su prestigio creció con la contratación de F.W. Murnau en 1927 y con el desarrollo de la pantalla panorámica en 1928. Los presidentes de RCA y de Paramount Pictures (Adolph Zukor, quien comenzó la aventura del cine junto a su amigo Marcus Loew y que ahora volaba en solitario) le pidieron que no lanzara al mercado semejante tipo de pantalla porque muchas compañías no podrían afrontar este reto. Fox desoyó los consejos/advertencias y, por supuesto, le granjeó la enemistad de buena parte de la industria.
En 1929, la American Telephone and Telegraph Company (la AT&T, monopolio del teléfono en Estados Unidos) le demandó por el supuesto uso indebido de sus patentes de sonorización. Al mismo tiempo, Fox estaba embarcado en la que sería su última aventura financiera: la compra de Loew's Inc. y, con ella, de la MGM. Era el principio del fin.
En el caso de las patentes, el juez permitió a Fox conservar los noticieros de Movietone, pero pagando por usar la patente de sonido a AT&T. Al mismo tiempo, los técnicos de la compañía telefónica podrían acceder a los estudios para observar cómo hacían el trabajo. Mantuvo sus ingresos, pero había perdido el secreto.
En cuanto a la compra de Loew’s Inc., es un asunto muy interesante y que muestra un lucha feroz de varios tiburones de la industria. Por un lado, tenemos a Nicholas Schenck, “heredero” del imperio de Marcus Loew (había fallecido inesperadamente en 1927), con la MGM como buque insignia. Por otro, a un Fox deseoso de quitarse de en medio a Adolph Zukor, dueño de Paramount Pictures y que también ambicionaba hacerse con el imperio Loew. Todos ellos se conocían de los tiempos de los teatros baratos que proyectaban las primeras películas. Con el paso del tiempo, cada uno tenía su propia cadena de cines y productoras que las abastecían de filmes. También habían llegado a un acuerdo por el cual cada cine solo proyectaría sus propias películas. Fox pretendía hacerse con los cines de Loew para poder exhibir allí su material y así expulsar del mercado a Paramount.
En secreto, Fox pagó 10 millones de dólares por una cantidad de acciones suficiente como para hacerse con el control de Loew’s Inc. y de MGM, además de 2,5 millones para el propio Schenck. Después de la compra, quería fusionar MGM con Fox Film Corporation. Pero semejante corporación violaría las leyes federales antimonopolio, por lo que se requería el visto bueno de la División Antimonopolio del Departamento de Justicia. Mientras tanto, Louis B. Mayer, jefe de los estudios MGM, se enteró de la operación.
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| Louis. B. Mayer |
Fox presionó al gobierno para que aprobase la fusión, mientras que Mayer hizo otro tanto, pero directamente en la fuente de poder: se sirvió de su amistad con el presidente Herbert Hoover para hacer fracasar la compra. Mayer no quería que le sucediese lo mismo que a Samuel Goldwyn, que fue expulsado de su propia empresa después de la fusión con Metro Pictures. El error de Fox fue intentar dejar fuera a Mayer (que tenía mejores conexiones con el gobierno), e intentó enmendarlo ofreciéndole 2 millones de dólares. Por si todo esto fuese poco, no podía encargarse personalmente de todo porque estaba convaleciente de un accidente de tráfico. La lucha era ya tan despiadada en 1929, cuando el cine aún estaba en sus comienzos.
El total de lo que debía Fox a los bancos ascendía casi a 70 millones de dólares: 50 gastados en la adaptación al sonoro, 10 en la compra de Loew’s Inc. y varios más en atraerse a Schenck y a Mayer. Entonces, sucedieron casi simultáneamente dos acontecimientos catastróficos: el Departamento de Justicia falló en su contra y se produjo el crack de la Bolsa de Nueva York.
En absoluta bancarrota, Fox tuvo que malvender su compañía en 1930 por 18 millones de dólares. En 1935 fue absorbida por 20th Century Pictures (fundada por Darryl F. Zanuck, de quien también hablaremos más adelante), creando la 20th Century Fox. Ironías del destino, Nicholas Schenck (todavía al frente de Loew’s Inc.) financió en parte la operación. El ganador de todas estas desgracias fue, indudablemente, Louis B. Mayer, quien pasó de ser el oscuro propietario de una pequeña productora de Nueva York al directivo mejor pagado de los Estados Unidos como jefe de los estudios MGM.
El logo de 20th Century Fox entre 1935 y 1952
Pero las desgracias no se habían acabado. Intentó sobornar al juez que dilucidaba su responsabilidad en la quiebra de sus empresas, y en 1942 fue condenado a un año de prisión. Cuando salió de la cárcel, todo Hollywood le dio la espalda, así que regresó a Nueva York. A pesar de todo, todavía conservaba la propiedad de numerosas patentes.
Falleció en Nueva York el 8 de mayo de 1952. Nadie de la industria del cine acudió a su funeral.





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